El mensaje didáctico en la docencia universitaria


Por sugerencia de algunos de los compañeros interesados en la docencia universitaria. Hemos decidido abrir una línea de escritos dedicadas a recursos y conocimientos pedagógicos útiles en nuestra labor como docentes. Nuvamente recurrimos a algunos de los escritos del profesor Salvador Camacho de la Universidad de Granada, que nos cede su material para facilitar nuestra reflexión. En concreto, hablamos sobre la calidad del mensaje didáctico y sobre la escucha por parte del profesor. Dos elementos esenciales en nuestra actividad diaria:

LA CALIDAD DEL MENSAJE DIDÁCTICO

La calidad del mensaje didáctico depende del profesor; pero la interpretación corresponde al estudiante. Siendo esto así, es importante reflexionar acerca de las circunstancias que afectan a la calidad del mensaje.

La palabra univesitaria - CC

1. Originalidad/Redundancia. Cualquier alumno necesita tiempo para decodificar. Si la “densidad de originalidad” de un mensaje es elevada, el receptor tratará de reducirla de algún modo (en el caso de los alumnos, solicitando al profesor que repita el mensaje). Si se excluye esta posibilidad, el mensaje resultará incomprensible.

2. Inteligibilidad. Un profesor en funciones de comunicador eficaz sabe que todo conocimientos nuevo ha de apoyarse en otro preexistente. A esta conexión conocido-desconocido contribuye lo que se denomina “marcos de referencia”. Con ello se facilita la inclusión de la nueva información en la estructura mental correspondiente y la mejor comprensión del mensaje. Hay que considerar, además, el hecho de que cada materia de estudi

o posee una terminología específica y ello dificulta muchas veces la interpretación del mensaje.

3. Colisión de mensajes. Durante la clase, la competencia entre mensajes de distinto signo es una de las causas más frecuentes de distorsión. Pensemos en el profesor que ensalza el valor del respeto a las opiniones ajenas al tiempo que impide las manifestaciones de los alumnos.

Se trata, como se ve, de dos mensajes contradictorios. En unos casos, se anularán mutuamente; en otros, prevalecerá uno de ellos (casi siempre el no verbal).

  • Características del mensaje didáctico
  • Que sea Inteligible
  • Que suscite atención
  • De contenido relevante y oportuno
  • Que produzca el efecto deseado

No todo va a ser hablar así que debemos centrarnos también en la escucha:

LA ESCUCHA

Hablar y escuchar son dos operaciones imprescindibles en una educación que estimula el diálogo, pero escuchar es, además, la base para construir las destrezas del lenguaje. Existe la creencia de que la escucha es una habilidad natural que se adquiere sin esfuerzo y que terminan por poseer todas las personas. No es cierto: la escucha eficaz o escucha activa es un proceso que exige la aplicación de determinadas técnicas y que, como otros aspectos de la comunicación interpersonal tiene que ser debidamente aprendida. Muchos profesores, creen, lamentablemente, que lo que tienen que decir es siempre más importante que lo que tienen que escuchar.

La escucha siempre produce efectos positivos. Cuando un alumno advierte que se le escucha, se siente importante, tan importante que es capaz de absorber el precioso tiempo del profesor o de la profesora, de un modo acaso fugaz, pero siempre exclusivo. Conviene recordar que escucha y preocupación están indisolublemente unidas. Cuando el profesor escucha atentamente, maestro y alumno comparten el mismo espacio psicológico. El maestro que escucha activamente y se esfuerza por entender lograra más fácilmente ser escuchado por los alumnos.

Este proceso alcanza su mayor eficacia cuando la profesor:

  • Permite que el alumno se exprese con libertad.
  • Escucha al alumno aunque crea que sabe lo que le va a decir.
  • Evita interrupciones causadas por la impaciencia por concluir
  • Presta a todos los alumnos la misma calidad de atención
  • Mira al alumno y utiliza expresiones corporales (asentimientos de cabeza, sonrisa) y verbales (“sí, sí”; “dime”, “comprendo”, etc.) que denotan atención y animan al otro a proseguir.
  • Acepta con naturalidad los sentimientos del alumno y ofrece una imagen calmada y serena cuando aquél acude alterado, tenso o fuera de sí. Este comportamiento es un signo inequívoco de la madurez comunicativa del maestro.
  • Pregunta para cerciorarse de que está comprendiendo bien el mensaje que el alumno desea transmitirle.
  • Evita las evaluaciones anticipadas sobre las manifestaciones del alumno. Desde luego, el estudiante difícilmente hallará placer en acudir a un profesor cuyas palabras contienen siempre algún tipo de evaluación.

Comportamientos del profesor en función de receptor, se refieren, básicamente a sus percepciones y a sus niveles de atención.

La percepción que tiene el receptor de sí mismo influye en la comunicación porque buena parte de los mensajes que llegan a nosotros lo hacen matizados por nuestros propios intereses y actitudes. Ningún receptor capta un mensaje tal y como lo tenía en la mente el emisor. La percepción que se posee del emisor determina la existencia de prejuicios (a los que he aludido anteriormente) y efectos de halo. Este último fenómeno opera en la comunicación cuando tendemos a juzgar al otro en función de una impresión previa favorable o desfavorable. Si el alumno que interviene en clase nos resulta grato (experiencia previa positiva) sus palabra adquieren para nosotros una significación y un valor elevados. Si, por el contrario, poseemos experiencias previas negativas acerca de un alumno es muy probable que tendamos a minimizar la calidad de su intervención con independencia del valor objetivo que ésta posea.

Las actitudes del receptor hacia el tema determinan, en ocasiones, la aparición de la llamada defensa psicológica. Los mensajes emitidos por alumnos creativos, en tanto que no se ajustan a los patrones convencionales, suelen ser rechazados por profesores que prefieren la respuesta normativa a la respuesta innovadora. El rechazo que experimentan algunos profesores ante la posibilidad de que los alumnos expresen juicios acerca de su actuación docente constituye otra defensa psicológica ante cuestiones que no desean conocer.

Respecto de los niveles de atención, hay que recordar que, en general, no sabemos escuchar y ello a pesar de que el aprendizaje del lenguaje se basa en la previa capacidad de escucha. De otra parte, es casi imposible escuchar lo que no se quiere oír, es decir, lo que atenta contra nuestras creencias, valores, sistemas conceptuales, etc.  

Escuchar es un proceso activo en el que la nota predominante es la retroalimentación expresada en gestos afirmativos, paráfrasis, formulación de preguntas, etc. El éxito de la escucha se acrecienta si el profesor manifiesta: a) Aceptación de los sentimientos y de las diferencias de criterio expresadas por los alumnos, b) Confianza en la capacidad del alumno para aportar ideas, c) Comprensión de las circunstancias que determinan la intervención del alumno y d) Deseo de utilizar productivamente en beneficio del grupo las ideas que le son expresadas.

Esperamos que estas lineas nos ayuden a entender estos pilares fundamentales y que nos sirvan para reformular algunas de las actividades que llevamos a cabo a diario.

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